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Por Sofia Paglia. Investigadora Fundación Iniciativa.

Estados Unidos se posicionó desde 1945 como árbitro de la comunidad internacional. Acérrimo defensor de los valores democráticos, promotor del sistema capitalista y abanderado de la globalización, ha sido hasta hace poco el protagonista de la escena global en distintos ámbitos. Desde el 20 de Enero de 2017, todo ello se tornó incierto. Incluso desde antes de tomar posesión del cargo, Donald Trump dio indicios de lo que determinaría sus prioridades en materia de política exterior.

En este nuevo contexto, es dable preguntarnos ¿cómo impactará esta nueva administración norteamericana en el resto del mundo? A continuación, siete aspectos a tener en cuenta:

1.La relación con México y Latinoamérica.

Pocos días atrás, el presidente de EEUU libró una orden para la construcción del muro del que tanto se habló, divisorio de la frontera con México. Lo que se sucedió después fue prácticamente una crisis diplomática, ante la negativa de Enrique Peña Nieto de contribuir económicamente a tal fin, y la amenaza norteamericana de financiarlo con un aumento impositivo a las importaciones mexicanas. No está de más aclarar que el 83% del comercio internacional de ese país depende de su vecino del norte. Las repercusiones de un enfrentamiento entre ambos tendrían consecuencias devastadoras para la economía mexicana.

El resto de Latinoamérica parecería no ocupar un lugar primordial en la agenda. Siempre que no existan ya cursos de acción claramente delineados, el efecto Trump dependerá del grado en que beneficie o perjudique a los intereses de su país.

Claro ejemplo de ello es el caso de la Argentina, que se vio recientemente afectada por la medida adoptada por el Departamento de Agricultura (USDA) que prohíbe el ingreso de limones provenientes del noroeste argentino, dejando sin efecto la disposición de Diciembre de 2016 que así lo permitía. Es de recordar que este producto tenía prohibido el ingreso desde el 2001, lo que evidencia cómo ese país utiliza medidas sanitarias y fitosanitarias como barreras comerciales proteccionistas, al mismo tiempo que insta al resto del mundo a través de la Organización Mundial del Comercio (OMC) a levantar las suyas.

2. La cuestión migratoria.

Como si el asunto del muro no fuera suficiente, la más reciente controversia se desató a partir de la orden ejecutiva que prohibió el ingreso a suelo norteamericano a cualquier nacional de Libia, Irán, Irak, Siria, Somalia, Sudán y Yemen. El hecho de que la población de los mencionados países sea entre 95% y 99% musulmana, pese a que la medida no hace mención del origen religioso, agrega un elemento controvertido al debate. Y si bien la orden fue emitida con una vigencia de 90 días para los mencionados países, fue de duración indefinida respecto de la admisión de refugiados. Además, nada garantizaba que transcurrido dicho plazo, la misma no fuese renovada, o peor aún, endurecida.

Como consecuencia, el pueblo no tardó en salir a las calles y llenar los aeropuertos para demostrar su desagrado y manifestar su voluntad de contar con un gobierno más tolerante. La comunidad internacional no se quedó atrás. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) emitieron una declaración conjunta por la cual exhortan al primer mandatario estadounidense a no hacer distinciones de raza, nacionalidad o religión en lo que concierne a su política migratoria. Asimismo mandatarios occidentales, grandes empresas, e incluso el propio Papa hicieron público su descontento al respecto.

Pero lo que logró frenar el impulso, al menos de manera transitoria, provino nada menos que del propio seno nacional. Tras una semana de revuelo, un juez federal de Seattle falló en contra del veto migratorio, en respuesta a una demanda presentada por el fiscal general de Washington, Bob Ferguson. Como consecuencia, el Departamento de Estado se vio compelido a detener la revocación provisional de las visas de los países en cuestión.

No es de extrañar que la sociedad se encuentra políticamente dividida. El interrogante que ahora se plantea es, ¿estamos en la mira de una crisis institucional?

3.La guerra declarada al Estado Islámico y el acercamiento a Rusia.  

En reiteradas ocasiones, y últimamente con mayor frecuencia, hemos oído a Trump hablar de ponerle fin definitivo a la amenaza que representa el ISIS. Ello entra en evidente contradicción con su política aislacionista de “América primero”, ya que implica un notable desembolso de gasto en despliegue militar en una región remota para librar una lucha ideológica y política, que en principio le es ajena. Podríamos destacar este aspecto como una excepción al cambio de rumbo, como una permanencia de la otrora reinante ambición para con el resto del globo. No obstante, considerando que el terrorismo es un fenómeno que desconoce fronteras, y que Estados Unidos es reconocido como su enemigo por el propio Estado Islámico (EI) -lugar que se ganó debido al permanente intervencionismo en Medio Oriente-, dicha contradicción encontraría fundamento, y resulta de hecho avalada por la mayoría de sus votantes.

En este marco, el líder norteamericano ha estado cortejando a Rusia desde mucho antes de asumir el cargo, dejando así de lado los antagonismos reminiscentes de la Guerra Fría, y vislumbrando la posibilidad de  formar juntos un frente para derrotar definitivamente a EI. Hasta ahora, Vladimir Putin se ha mostrado notoriamente amistoso con el magnate (alimentando aún más los rumores sobre la interferencia rusa en las elecciones en su beneficio),  si bien aún está pendiente de formalización una eventual reunión entre ambos para discutir la agenda conjunta de sus respectivos países.

4.El antagonismo con Irán y la supervivencia de las alianzas.

La tensión entre Estados Unidos e Irán data desde hace tiempo. Barack Obama logró un notable avance respecto del tratamiento del armamento nuclear iraní, lo cual culminó en la firma del acuerdo suscripto entre Irán y las seis potencias (EEUU, el Reino Unido, Francia, Alemania, China y Rusia). El mismo prevé el uso pacífico de la energía nuclear iraní, y el compromiso de no adquirir ni desarrollar armas nucleares,  a cambio del levantamiento de las sanciones impuestas por la Organización de las Naciones Unidas y otros organismos multilaterales. Pero, una vez más, el actual gobernante cuestionó radicalmente lo que considera como el “peor acuerdo de las historia”, amenazando con dar marcha atrás. Los recientes nombramientos de miembros de su gabinete islamófobos y anti-iraníes no contribuyen precisamente a favor del apaciguamiento.

Asimismo, la mencionada prohibición de ingreso a Norteamérica de personas cuyo país de origen sea Irán, entre otros, recrudeció aún más los rencores. Como era de esperarse, la restricción no fue bien recibida por Hasan Rouhaní, quién decidió reciprocar a su par y prohibir el ingreso de estadounidenses a su país.

El costo de este antagonismo podría resultarle muy elevado a Washington. Ponerse en contra a Teherán, cuyo aporte en la batalla contra el EI en Irak y Siria es fundamental, podría poner en riesgo su alianza con Moscú, tan preciada para la dirección norteamericana. Será éste uno de los dilemas fundamentales a los que ha de enfrentarse el en el corto plazo.

5.El apoyo al Brexit.

La elección del 8 de Noviembre de 2016 vino a secundar y confirmar el fenómeno desatado por el referéndum británico en Junio de 2016. Lo que en principio parecía un suceso aislado e irracional para muchos, hoy constituye una tendencia global. Inmediatamente después de ser electo, Trump no tardó en manifestar su apoyo a Nigel Farage, ex jefe del Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP) y promotor de la separación de la Unión Europea. El significado de dicha declaración no es menor si se tiene en cuenta que Barack Obama fue un fiel detractor del Brexit, advirtiendo oportunamente que ello dañaría la relación comercial bilateral entre ambos Estados.

Por su parte, la actual Primer Ministro Theresa May, no deja de enviar señales de simpatía a través del Atlántico, en un intento por revivir la “relación especial” que durante tantos años dijeron tener el Reino Unido y Estados Unidos.

Por otro lado, en un contexto de incertidumbre en la política interna de Inglaterra, donde el Tribunal Supremo ordenó que la salida deberá ser aprobada por ley del Parlamento, cabe plantear el siguiente cuestionamiento: ¿se trata de garantizar el respeto a las instituciones y  a la Constitución, o es más bien un intento encubierto de bloqueo político a la voluntad popular?

6.Críticas a Europa y la OTAN “obsoleta”.

Desde antes de asumir el cargo, Trump arremetió contra la política migratoria de Angela Merkel de abrir las fronteras alemanas a los refugiados. Tampoco dejó de atacar a la Unión Europea y a lo que ésta representa, anticipando que otros países seguirán el ejemplo del Gran Bretaña y abandonarán el bloque en búsqueda de una identidad más nacional. Pero lo que principalmente alarmó a sus pares, fue la feroz crítica efectuada a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). No sólo acusó a sus miembros de no cumplir con los compromisos asumidos en materia de aportes económicos (2% de su PBI) para sustentar el sistema de defensa militar colectiva, sino que calificó a la organización de “obsoleta” por no haber servido a su fin en cuanto a lograr contener el terrorismo.

En la última cumbre del Foro Económico Mundial en Davos durante el mes de Enero, las reprobaciones al entonces presidente electo fueron el espíritu de casi todos los encuentros. Los líderes no dudaron en defender la alianza militar y en realzar su importancia, especialmente en los tiempos que corren, donde muchos consideran que lo que está en jaque es el orden mundial como lo conocemos hasta ahora.

7.La competencia con China, el desafío de Taiwán y el conflicto del mar meridional.

Las relaciones sino-estadounidenses son cada vez más tirantes. El presidente Trump, en su afán de exacerbar el sentimiento popular, no se quedó en su eslogan de campaña “Make America Great Again”, sino que fue más allá y arremetió contra el gigante asiático, responsabilizando a su competencia de dejar sin trabajo a muchos de sus seguidores. Claro está que se trata de una maniobra política que le sirve a un doble propósito: alimentar el hambre de la multitud que lo venera, y satisfacer el ego que le demanda hacerle frente a los “enemigos”, a veces reales, otras veces construidos.

Caracterizado por no seguir con los tradicionalismos, quien resultara electo para ocupar el más alto cargo en EEUU no dudó en atender el llamado de la presidenta de Taiwán. Este acto, en apariencia insignificante, implicó una ruptura de la política estadounidense inaugurada por Nixon (y su célebre secretario de Estado, Kissinger) de “una sola China”, y tensó aún más las relaciones con Pekín.

Pero el mayor riesgo está representado por la controversia del mar meridional. China se embarcó en la construcción de islas artificiales por fuera de su mar territorial, afirmando su soberanía sobre las mismas y las aguas que las rodean. Además, se dio a conocer la instalación de bases militares en las mismas, lo cual genera aún mayor preocupación. Recientemente confirmado Secretario de Estado, el empresario petrolero pro-Rusia Rex Tillerson, ha asegurado que su país defenderá las aguas internacionales, e incluso se aventuró a amenazar con un eventual bloqueo del acceso a las islas en cuestión.

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Día a día, el mundo toma conocimiento de nuevas medidas adoptadas por la administración de Donald Trump. Pero, ¿cuánto nos sorprenden realmente? Desde el comienzo de su campaña en el seno del partido republicano, durante la carrera hacia la presidencia, y en los pocos días que lleva de mandato, sus dichos y hechos no han cesado de asombrar a la audiencia. No obstante, si hay algo podemos saber, es que no sabemos qué esperar. Si bien se han anticipado los lineamientos que podrían definir la nueva política exterior norteamericana, nada garantiza que se mantenga dentro de dichos parámetros.

Si algo es cierto, es que se produjo un quiebre en la dirección global estadounidense, ya evidente en los temas aquí analizados, y que está aún por verse en muchos otros más. La era geopolítica de integracionismo y co-gobernanza poco a poco va quedando relegada, dando paso a un nuevo estilo de aislacionismo y pujas por la supremacía. Estamos presenciando el reacomodamiento las fichas del tablero internacional, para dar lugar a la incorporación de los nuevos actores y de las tendencias que a ellos llevaron al poder.